viernes, 2 de septiembre de 2011

Imaginario desbordado

Un sábado cualquiera, rumbo a Satélite, fui a ver a mi mamá. Estaba preparada para un recorrido caótico. Le di mis diez pesos a un chofer treintón y de mirada inquisidora tirándole a lo libidinoso, no tenía cambio.

Me esperaba al menos una hora de camino, la solución inmediata: dormir y así fue, hasta que sentí mi rostro hinchado de estar recargado en la ventana.

Amodorrada, estaba a punto de llegar, así que me levanté con los cabellos parados y fui hacia el chofer. Vi que su mirada se había transformado en la de un perro noble, incluso pecaba de transparente cuando me devolvió mi moneda de diez pesos. Le dije que eran dos pesos de cambio, me contestó que así estaba bien. Le pregunté ¿por qué?, no habló, parecía avergonzado. Gracias, le dije y mi mente recreó lo que en realidad había tras su reacción:

La flaquita no está de malos bigotes, me la quiero tirar ahorita, ya, ya, estoy caliente, pero hay muchos niños en el camión, tendrían que bajar todos para llevármela al callejoncito o de regreso en los andenes, tendría que pedir ayuda, seguro gritaría, entonces le acomodaría un cachetadón, pero no sería igual, pero ella no tiene la culpa de mi calentura, noestábiennoestábiennoestábien. Mmmta, qué chingados estoy pensando, ¡carajo! Le debo su cambio, sí sí sí, pero mejor le devuelvo sus diez pesitos y me olvido de ella, me dejo de chingaderas y dejo andar de pinche marrano.

Fue entonces cuando al bajar vi a la anciana estirar la mano, así que sin pensarlo le di el dinero sucio y seguí mi camino.

jueves, 16 de junio de 2011

Buenos días

Hoy cuando iba rumbo al trabajo pedaleando la luna iba adelante, intenté tomarle foto, pero se quedó sólo en mi recuerdo. Entonces agradecí haber estado con los ojos bien abiertos a las 6 de la mañana, ni siquiera pensé en la tristeza que me sugieren las personas que veo a diario sentadas en el metro esperando la rutina una y otra vez, ni tampoco en el cielo gris, ni en esa terrible salida del metro Tacubaya que inevitablemente me recuerda una escena de Irreversible. Yo sólo contemplé la redondez de esa luna, quise pedalear hacia ella pero desistí porque me quedaba a millones de años luz.
El calor del metro me devolvió la mañana gris. De nuevo esa salida del metro con su feria entre los puestos de jugos y los hombres de mirada turbia, de nuevo la rutina de los buenos días.

viernes, 27 de mayo de 2011

Punto de vista



Podía jactarse de "ver más allá", hacia las visceras y su pestilencia, hacia los fluidos y sus excreciones, hacia los principales órganos, inclusos hacia la sangre espesa de sus venas. El ciego entendía lo que pasaba en su interior, podía ver incluso hacia el lado de sus arterias, veía lo que los demás no, hacia adentro.

lunes, 9 de mayo de 2011

Verbo en pospretérito

Debería ser sencillo, pero lo llenamos de mierda. Debería ser fácil toparse con alguien, quizá en un parque y tomar una taza de café. Debería ser fácil abrazarse y juntar los labios y reírse de la sincronías, debería ser fácil hablar durante horas sin el temor de ser interrumpidos por llamadas ajenas, debería ser fácil besarse en el cuello y terminar encallados en la cama, envueltos en una niebla de calores. Debería ser fácil tomar un té después de un baño; darle nombre a una relación sin importar el prejuicio de caer en el cliché de “qué somos”, debería ser fácil creer que no está out tener novio. Debería ser fácil dar un beso de despedida en la puerta de la casa, debería ser fácil querer acompañar. Debería ser fácil dejarse de pretextos y de comodidades para no tomar la vida como es, debería ser fácil enamorarse, desenamorarse, desencularse, desapegarse y alejarse de los estorbos que succionan la energía. Debería ser fácil hablar de amor y desamor, hablar de lo que uno quiere, o mejor retirarse sabiamente. Debería ser fácil dar con el indicado y dejarse de pendejadas y de evasiones, de hombrecillos temerosos de encontrar su felicidad, hombrecillos a los cuales el mundo les queda grande. Debería ser fácil que un hombre y una mujer se tomen de la mano con la absoluta convicción de que estar juntos no es cursi, no mimetiza, no envilece, no agobia, no da temor, no quita puntos. Debería ser fácil darle un balazo al pasado y un puntapié al futuro, conjugar en presente y traspasar las telarañas. Debería ser fácil llegar hasta el colofón sin volver necesariamente a nuestros capítulos subrayados. Debería ser fácil el delete, el The End, el copy paste, el follow, el unfollow, el me gusta, el no me gusta, el me cagas, el te amo. Debería ser sencillo, pero lo llenamos de mierda.

sábado, 23 de abril de 2011

La cena

Nos sentamos a la mesa y callamos mientras pensamos en los años, en los planes, en que no los tenemos o que empezamos demasiado tarde, en que no queremos vernos como señores de 39 años que aparentan 50 años. Nos sentamos y miramos a nuestro alrededor y vemos que estamos vacíos, entonces nos angustiamos porque no queremos morir sin ser recordados.

La amiga corta los jitomates como puede, luego las nueces y piensa si llegará el momento en que esté preparando esa ensalada para una sola persona, el supuestamente “bueno”, el que quisiera ver frente a ella en vez de a sus dos entrañables amigos. El amigo 1 lanza fumarolas que se esparcen como sus pensamientos: el transcurso, la vida, los deseos, los proyectos. El amigo 2 olímpicamente brinca a otro tema como si temiera la observación adulta, como no queriendo escuchar las pláticas de sus papás mientras bebe vino y muerde la empanada de espinaca.

Esta vez la cena no tuvo dosis de irreverencia, de pronto los tres amigos hicieron mutis y en el fondo pensaron que sí, que son adultos sin planes, que no quieren ser peter panes atrapados en un cuerpo de cuarenta, que no desean permanecer en estado vacío, que los años están pesando y ellos están creciendo.
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