jueves, 5 de enero de 2012
Noticia MAYÚSCULA
Las mayúsculas no son lo mío, supongo que por esa tendencia a pasar inadvertida, en el anonimato y sentirme más a mis anchas en bajas.
Hoy es la excepción porque quiero gritar, sabiendo que jamás me atrevería a hacerlo (a menos que mi madre volviera a sacarme de quicio en alguna cena navideña o quizá en asuntos amatorios).
Quiero salir a la luz pública para gritar con letras mayúsculas –pese a que a veces pecan de protagónicas– LO CONTENTA QUE ESTOY POR DOS COSAS: un cuento que se publicará por ahí de marzo y una peli que saldrá de ese mismo cuento. Una noticia Mayúscula, definitivamente, protagónica, quizá, no hay más.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Epifanías
sábado, 22 de octubre de 2011
Desmemoria
9257279-3, 5 60 96 98, Elba Bianchi Amormino, Mary González Pastor, Laura Fabiola Cervantes Cuellar, Juan Paco Pedro de la mar, 0 44 55 35 23 99 31. Los tiempos se mezclan, aún sigo recordando números de cuenta, viejos teléfonos, nombres de la infancia, canciones, los rostros de antaño, las frases. Lo de hoy también, pero a veces llegan olvidos y me burlo diciendo que comienza el Alzheimer. Entonces veo a mi madre, veo en su rostro las arrugas de los setenta y tantos, a ella haciendo sudokus como ejercicio para mantener viva la agilidad, una manda para seguir recordando, para conservar la mente gastada.
Bicicleta, cuchara, manzana son las tres palabras que Pasqual Maragall, ex alcalde de Barcelona, repite ante su doctora como un ejercicio de memoria desde que fue diagnosticado con Alzheimer. Desde ese momento creó la Fundación Internacional Maragall, como un ejercicio para mantener el optimismo y ayudar a personas en su misma situación, incluso a quienes están alrededor. Es un hecho que para la familia de Pascual también representa un ejercicio nuevo entender al padre enfermo.
Durante dos años Manuel Bosch, director de este documental, filmó la vida de Pasqual, así como de la gente que lo rodea: doctores, científicos, esposa, hijos, compañeros de trabajo. Y también la enfermedad en otras latitudes del planeta que viven el mismo drama; "es una película válida para todo el mundo, porque en todos los países pasa lo mismo, "comenta su director en una entrevista en El País.
Termina el documental, camino hacia mi casa y visualizo a mi madre con sus sudokus nivel 3 almacenados en el baño, ¿cuánta memoria seguirá almacenada en su cerebro? Entonces pienso que cuando la memoria desaparece, la muerte va ocupando espacio, es el relevo, quien termina ganando la carrera.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Imaginario desbordado
Un sábado cualquiera, rumbo a Satélite, fui a ver a mi mamá. Estaba preparada para un recorrido caótico. Le di mis diez pesos a un chofer treintón y de mirada inquisidora tirándole a lo libidinoso, no tenía cambio.
Me esperaba al menos una hora de camino, la solución inmediata: dormir y así fue, hasta que sentí mi rostro hinchado de estar recargado en la ventana.
Amodorrada, estaba a punto de llegar, así que me levanté con los cabellos parados y fui hacia el chofer. Vi que su mirada se había transformado en la de un perro noble, incluso pecaba de transparente cuando me devolvió mi moneda de diez pesos. Le dije que eran dos pesos de cambio, me contestó que así estaba bien. Le pregunté ¿por qué?, no habló, parecía avergonzado. Gracias, le dije y mi mente recreó lo que en realidad había tras su reacción:
La flaquita no está de malos bigotes, me la quiero tirar ahorita, ya, ya, estoy caliente, pero hay muchos niños en el camión, tendrían que bajar todos para llevármela al callejoncito o de regreso en los andenes, tendría que pedir ayuda, seguro gritaría, entonces le acomodaría un cachetadón, pero no sería igual, pero ella no tiene la culpa de mi calentura, noestábiennoestábiennoestábien. Mmmta, qué chingados estoy pensando, ¡carajo! Le debo su cambio, sí sí sí, pero mejor le devuelvo sus diez pesitos y me olvido de ella, me dejo de chingaderas y dejo andar de pinche marrano.
Fue entonces cuando al bajar vi a la anciana estirar la mano, así que sin pensarlo le di el dinero sucio y seguí mi camino.
jueves, 16 de junio de 2011
Buenos días
Hoy cuando iba rumbo al trabajo pedaleando la luna iba adelante, intenté tomarle foto, pero se quedó sólo en mi recuerdo. Entonces agradecí haber estado con los ojos bien abiertos a las 6 de la mañana, ni siquiera pensé en la tristeza que me sugieren las personas que veo a diario sentadas en el metro esperando la rutina una y otra vez, ni tampoco en el cielo gris, ni en esa terrible salida del metro Tacubaya que inevitablemente me recuerda una escena de Irreversible. Yo sólo contemplé la redondez de esa luna, quise pedalear hacia ella pero desistí porque me quedaba a millones de años luz.
El calor del metro me devolvió la mañana gris. De nuevo esa salida del metro con su feria entre los puestos de jugos y los hombres de mirada turbia, de nuevo la rutina de los buenos días.
El calor del metro me devolvió la mañana gris. De nuevo esa salida del metro con su feria entre los puestos de jugos y los hombres de mirada turbia, de nuevo la rutina de los buenos días.
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