martes 17 de noviembre de 2009

El curso de las cosas

Pasó el tiempo y terminaron por volverse unos completos extraños. Fue entonces cuando dejaron de extrañarse.

viernes 13 de noviembre de 2009

Aparición

Acaba de pasar el Día de muertos, sin embargo el hombre decidió aparecerse en el microbús aprovechando los festejos. Sucedió que una blancura abrasiva invadió el espacio, justo cuando él, con su pijama a cuadros, intentaba adueñarse de un asiento.
El hombre sonreía y de perfil sobresalían sus dientes; sus ojos ya eran cavidades y una gorra tapaba los cabellos extinguidos. Aquel espectro no cesaba de hablar con su acompañante, como si el mover los labios le diera la certeza de estar vivo, de olvidarse por un momento de su panteón quimioterápico.

martes 27 de octubre de 2009

La culpa es de los nones

Los nones me ponen de buenas, aunque este año fue tan ruidoso que aún me zumban los oídos. Pero no importa. No importa si un extraño hizo un boquete para adueñarse de una parte de mi vida, no importa si decido dormir a mi compañero-confidente-amigo después de doce años de tratarnos; no importa si hoy viajo rodeada de familias Burrón y uno que otro hombre que intenta ligarme, para llegar al norte de la ciudad; no importa si un año y medio después me entero que mi “locura Otelesca” tenía fundamentos.
No importa. Mis pies están sobre esta duela chueca, sobre este departamento, sobre este edificio venido a menos, sobre esta calle con fondas de birria maloliente y antros en decadencia. No importa. Ambulancias, claxons, lluvia, mi ciudad-caos abre sus puertas y yo entro. Entonces camino con garbo, segura de que mis feromonas andan en absoluta rebeldía. Y no lo escondo, no importa, lo atribuyo a los nones.

viernes 18 de septiembre de 2009

Síntomas


Sales de casa. Caminas, te subes al metro. Observas las manos que se sostienen para no caer a cada frenón; la mayoría, morenas. Te fijas si tienen arrugas, si las venas sobresalen. Miras las tuyas con sus venas-angulas. Te da por revisar también los vientres de las mujeres; en la calle, en el banco, en un bar, en el super. Antes no te fijabas en esos detalles, ahora es una constante. Deseas no heredar el vientre abultado de tu madre, pero las historias no tienen por qué repetirse, piensas.

Un día una prima te contó que los labios se adelgazan con los años. Estaba consternada porque creía que los suyos comenzaban ese proceso. Observas tu rostro traga años reflejado en el vidrio del vagón, tus labios y la forma de tus orejas, te miras de perfil, sumes la panza, te angustias porque no quieres crecer. Hay una veinteañera enfrente con el vientre tan plano como si lo hubieran amasado con un rodillo. La envidias. Sin embargo la chica que está a tu lado apenas si logra respirar a través del pantalón de emo anoréxico que no logra disimular las lonjas. Te sientes orgullosa de no tener su cuerpo y de sostener el tuyo con dignidad. Sales del metro, caminas con decisión a la farmacia donde venden la crema de noche, la de día, la antiarrugas, la antimanchas, la del cuello y el bloqueador solar. En el fondo guardas cierta esperanza de verte joven gracias a ilusiones de más de mil pesos.

lunes 24 de agosto de 2009

Escena en la mente de una mujer

Las gotas se deslizan lentamente por su cuerpo como si intentaran detener el tiempo, como cuando cae esa sutil lluvia que termina empapando los huesos. De repente la armonía se rompe cuando ella intuye que fuera de la regadera, para ser más precisos, tras la puerta del baño, alguien la espera. Los pasos, los ecos de afuera respiran tras la madera del piso. Todo respira.

La mujer pela los ojos, apaga la regadera y silenciosamente seca su cuerpo. Espera a que el No Invitado se decida. Sin embargo el No Invitado piensa lo mismo del otro lado de la puerta. Salir del baño o entrar. Uno de los dos tendrá que tomar la decisión.

domingo 2 de agosto de 2009

El cuento del abrazo

Ella no alcanzó a disimular su nerviosismo y no pudo quitarse los bigotes de lechuga que colgaban de su boca. Un “hola seco” salió de sus labios, así nomás. Después de saludar, Él decide quedarse en un extremo comiendo con los otros. Ella no le dirige la palabra, tampoco la vista, pero siente su presencia que más bien marca la ausencia. 

La vida es triste cuando te quita a alguien abruptamente, piensa Ella. Y entonces para hacer el momento más nostálgico una salvaje lluvia cae, Ellos se guarecen bajo una lona, y es allí donde Ella se atreve a hablarle, a decirle razones, palabras, enojos, rencores, emociones, a odiarlo, a perdonarlo quizá. Frente a los otros se abrazan sin la menor pena, sin importar que hace tiempo no están juntos. Una energía fluye alrededor de Ellos y los invitados se dan cuenta pero se callan aunque Ella esté llorando y quiera perpetuar aquel abrazo, con la absoluta certeza de que esa historia ha terminado.

Doce botellas de vino y dos de champán, pero Ella no está borracha, quizá sensible. Tiene ganas de seguir abrazada, así que decide llamarle a su amigo de ocasión. Llega a su casa y como es costumbre, miran una película, pero esta vez no cogen, él está cansado, Ella tampoco tiene ganas. 

En la mañana Ella siente el cuerpo de su amigo y accede, pero su cabeza está en otra parte y evidentemente su corazón. Cinco minutos después el amigo termina y Ella se queda pasmada ante sí misma, ante sus sentimientos, ante su vulnerabilidad, ante su fuerza, ante su manera de olvidar y hacer su vida. El amigo, en cambio, está listo para dormir y para pensar en voz baja, haste para allá, hay que dormirnos, ya deja de moverte, descansa. 

Tranquilo, como si no tuviera el peso de Ella, como si realmente no existiera, el amigo duerme en su cama. Ella, en cambio, no pega el ojo, piensa en el abrazo de hace unas horas, y con certeza concluye que su amigo jamás la abrazará como Él.

viernes 24 de julio de 2009

Las canas de mi papá

Ay, otra vez la muerte, esta vez en forma de apegos. Quizá parezca perverso, siniestro o más bien es mi manera de no borrar a las personas que se han adelantado en el camino. Por ejemplo podría haber borrado dos teléfonos de mi celular, pero no puedo porque tenerlos significa estar cerca de mis dos amigos. Cada vez que busco a David y aparece el David muerto, pienso: ¿será momento ya de despedirme? Entonces finjo demencia y lo dejo como si esperara oír su voz para vernos pronto. Por supuesto también me niego a borrar a Roberto. He pensado en marcarles, pero no soportaría escuchar otras voces que no fueran las de ellos, ni tampoco oír sus voces desde la dimensión desconocida. Pero eso no es todo, tengo una tarjeta anaranjada del Pájaro, otro compa que voló mientras tomaba un baño. Me niego a tirarla; la guardo en mi cartera pensando que tal vez lo llegue a necesitar pronto.

Y siguiendo con lo bizarro diré que al morir mi papá decidí guardar unos cuantos cabellos; ni siquiera se los corté estando muerto, es más ni siquiera me despedí. Recuerdo que un día en el jardín de la casa de mi mamá encontré cabellos, creí que eran las plumas de algún pajarraco, pero cuando los toqué y vi las canas supe de quién eran. Entonces apareció la imagen de mi mamá cortándole el cabello. Así que los tomé y los puse en una libretita como de bautizo con una imagen de un Cristo en éxtasis. La guardé durante mucho tiempo, hasta que un día me censuré por siniestra y la tiré. Tiré las canas de mi papá. Hoy soy incapaz de borrar a mis otros muertos.