sábado, 23 de abril de 2011

La cena

Nos sentamos a la mesa y callamos mientras pensamos en los años, en los planes, en que no los tenemos o que empezamos demasiado tarde, en que no queremos vernos como señores de 39 años que aparentan 50 años. Nos sentamos y miramos a nuestro alrededor y vemos que estamos vacíos, entonces nos angustiamos porque no queremos morir sin ser recordados.

La amiga corta los jitomates como puede, luego las nueces y piensa si llegará el momento en que esté preparando esa ensalada para una sola persona, el supuestamente “bueno”, el que quisiera ver frente a ella en vez de a sus dos entrañables amigos. El amigo 1 lanza fumarolas que se esparcen como sus pensamientos: el transcurso, la vida, los deseos, los proyectos. El amigo 2 olímpicamente brinca a otro tema como si temiera la observación adulta, como no queriendo escuchar las pláticas de sus papás mientras bebe vino y muerde la empanada de espinaca.

Esta vez la cena no tuvo dosis de irreverencia, de pronto los tres amigos hicieron mutis y en el fondo pensaron que sí, que son adultos sin planes, que no quieren ser peter panes atrapados en un cuerpo de cuarenta, que no desean permanecer en estado vacío, que los años están pesando y ellos están creciendo.

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