jueves, 19 de abril de 2012

El abrazo



Parece domingo, aunque en realidad es jueves, sin embargo ellos han permanecido más de diez horas en la cama sin importarles que es un día común y corriente, que hay que ir al super porque sólo quedan dos huevos en el refri, hacerse un café, bañarse, poner una lavadora de ropa blanca, trabajar, salir de la cama.  En realidad ellos platican, se ríen, hacen el amor, platican, se ríen, hacen el amor, un loop que muchos envidiarían.
          Son las cinco de la tarde, de pronto los pájaros se callan, ellos no se dan cuenta hasta que sienten el movimiento de un vals acelerado que se transforma en brincos de punks en concierto. Los libros salen de su sitio; la A de Arenas va a caer junto a la K de Kenzaburo, la S de Salinger junto a la M de Musil.  Las lámparas se ladean en un “no” definitivo, el espejo redondo se pierde en la asimetría.
          Impavidos, ellos, llamémosles María y Pedro, han decidido quedarse en la cama y abrazarse tan fuerte como puedan, como los cinco años que llevan juntos. "La tierra se está vengando de nosotros, todos somos una bola de cabrones, hijos de puta", piensan.
          Las decisiones de último momento son las más certeras, incluso las de mayor claridad, por eso María y Pedro han tomado la resolución de seguir abrazados, hasta que se los lleve la chingada.

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