jueves, 11 de junio de 2009

Diván

Me siento o  mejor dicho, me recuesto. Mis pies están inmóviles, minutos después se mueven como si les hubieran puesto pica pica. Miro la habitación; los libros, los sillones, la maceta, escucho las voces de afuera y también mis propias voces. Pero no hablo. 

Sigo enfrascada en mis pensamientos; que si no tengo trabajo; que si la renta ya toca; que si no sé hacia dónde moverme; que si preferiría vivir sola que con un ser intolerante; que si ya me quiero ir, que si ya me quiero ir ahorita; que ya si me quiero ir de esta ciudad; que si mi familia es muy misteriosa; que si hay algo oscuro en ella; que si tengo antojo de esquites; que si tengo sueño, que si le sigo temiendo a la mariposa negra, que si los laberintos jamás desaparecen.

Mis pensamientos se interrumpen 45 minutos después cuando mi analista me dice: "nos vemos la próxima semana".

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